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El otro yo de Lionel Messi

03.07.2016 12:56

Publicado en el periódico Perfil el 03-06-16:

 

Por ANDRES SOTO

 

Aquí dentro estamos todos. Los que pregonan que el que se clasifica segundo es el primero de los perdedores, los que mascullan “amargo” y le dicen “pecho frío”, los que llenaron páginas comparándolo con Maradona, los que dicen que tiene que jugar de punta, por la izquierda o por la derecha, los que piden que haga goles como en el Barcelona, los que quieren que juegue solamente en el Barcelona, los que dicen que en España no lo marcan, los que lo descalifican porque no canta el himno como Los Pumas. Todos. También los que lo idolatran desmesuradamente cuando hace un gol para la Argentina y se desilusionan cuando no sale campeón. Todos. Los que amamos el juego del fútbol, los honestos ignorantes de la pasión y los militantes del nomegustaelfútbol. Los que intentamos no perdernos un solo partido del Barsa y los que sólo lo ven en una final.

Todos aquí, dentro de estos doce paneles fusionados en un revestimiento de tres capas y una cámara de látex de carbono de libre flotación cubierta con una mezcla de polietileno.

Todos dentro de esta pelota. Y frente a nosotros, él.

Lionel Andrés Messi  (29 años, casado, dos hijos) nos acaricia, nos mira, nos coloca un poco hacia la derecha, dentro del punto blanco de las doce yardas. No sabe (¿o sabe?) que estamos dentro. Oyó -sin escucharlo- al payaso careca. Se aleja para tomar distancia de esta colorida esfera de cuero sintético, goma, poliéster y algodón. Se mordisqua apenas el labio inferior, exhala corto, un leve soplido y avanza lentamente, con dos pasos cortos y uno más largo y más rápido, el brazo derecho recogido, el izquierdo extendido, la cintura apenas arqueada, la pierna izquierda extendida en ángulo de 63 grados con respecto al césped. Dentro de la pelota nosotros, todos. Detrás nuestro, en el centro de los 7,32mts entre poste y poste su compañero Claudio Bravo (“nos llevamos espectacular”).  Más atrás los carteles de Thakita, Blue Light y Total

Lionel había elegido el palo izquierdo de su amigo, a la altura de la segunda H de Blue Light pero a 2,35mts del piso, cerca del travesaño. No habría forma de que no fuera gol, porque Claudio ya tenía la mente viajando a su palo derecho, y como Chiquito Romero le había atajado el primer penal al mejor de ellos sólo esperábamos el golpe del botín escamado de la zurda de Lionel para que nos llevara camino a la Copa.

De pronto una voz interior, un aura, un destello energético que se desprende del cerebro lanzó una contraorden al cuerpo de Messi. El otro yo de Lionel Messi, una voz más firme que la suya, ¿la misma que le dictó el tweet contra la AFA?, le advirtió que estábamos aquí  y con un grito interior le anunció que podría liberarse de todos nosotros, definitivamente:

 

-          ¡Tirala a la mierda! Y que se vayan todos al carajo…

 

Y allá vamos, 44 millones dentro de una pelota, camino a la mediocridad, lejos del travesaño.

El pobre Lionel no recuerda su voz interior y llora. El Mejor Jugador del Siglo llora.

 

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Estela ("O neto mais esperado")

12.08.2014 15:11

 Versión original en castellano de la nota publicada el 12-8-14 por la revista Contigo, de Brasil:

“Acercate a Abuelas”, decía Javier Mascherano. “Hace 10 mundiales que te estamos buscando”, completaba Messi. En la Argentina, donde el fútbol se transmite gratuitamente por la televisión pública, el spot se pasó hasta la saturación durante el Mundial de Fútbol y fue un disparador para que muchos jóvenes escribieran a las Abuelas de Plaza de Mayo para disipar dudas sobre su identidad. Uno de ellos es el protagonista de la conmovedora historia que hizo llorar de alegría a un país.

De lo más profundo de las tinieblas a esta luz pasaron 9 mundiales. El 26 de junio de 1978, un día después que Argentina lograra su primera Copa, nació en cautiverio el hijo de Laura Carlotto y Walmir Montoya, dos militantes montoneros secuestrados y asesinados por el Ejército. Los militares se apoderaron del niño –al igual que de otros 500-  y se ocuparon de enviarlo lejos de sus familias, donde nadie lo pudiera identificar. Era un plan premeditado, una “limpieza ideológica” para alejar a los niños de la influencia de quienes habían “engendrado subversivos”. En este caso, no se sabe aún por qué extraños designios, el plan se trastocó y el bebé fue a caer a manos de unos humildes y honestos peones de campo del centro de la Provincia de Buenos Aires que lo inscribieron como hijo propio con el nombre de Ignacio Hurbán.

Se sospecha que el niño fue entregado por los militares a un hacendado ultracatólico de su entorno, dueño de un campo en Olavarría, a 500 kilómetros de la capital. Los padres adoptivos de Ignacio trabajaban en esa fazenda.

Entre aquella tiniebla y esta luz pasaron muchas cosas, una de las más importantes para la humanidad y para las Abuelas fue la publicación de la secuencia casi completa del genoma humano, en el año 2001. Por entonces, las Abuelas ya habían recuperado 70 nietos, peleando serena y trabajosamente, buscando sin cesar, cotejando fotos, datos, informaciones. En 1984 se había fundado el Equipo Argentino de Antropología Forense, gracias al científico texano Clyde Worth (1928-2014), el mismo que identificó los esqueletos de Tutankamón y Josef Mengele.

Desde la década del 80 se conocía mucho del ADN pero recién se estaban inventando nuevas técnicas para analizar muestras muy pequeñas.  Genetistas y bioquímicos empezaron con el estudio de proteínas (“los ladrillos que fabrican las células”) pero no sabían cómo identificar con cierto grado de certeza el “índice de abuelidad”.  Juntando varios marcadores de proteínas y con mucha estadística se llegó a la primera indicación de una filiación de abuelo a nieto, revolucionario. “Las Abuelas, con su demanda, sacaron lo mejor de los científicos y promovieron una verdadera ciencia aplicada”, explica el científico-comunicador Diego Golombek. El porcentaje de certeza fue aumentando hasta pasar el 90 por ciento, pero  cuando comenzó a utilizarse la secuencia de ADN para casos de filiación, gracias al trabajo de Abuelas, la certeza pasó a ser inequívoca (99,99%). “Pocos como ellas han hecho avanzar tanto a la ciencia en los últimos 40 años”, dice Golombek.

Estela Barnes de Carlotto (84) es la presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo. Varios filmes documentales y un largometraje de ficción, “Verdades Verdaderas”, cuentan su vida y su lucha serena por la recuperación de los hijos de desaparecidos y asesinados por la dictadura, nacidos en cautiverio entre 1976 y 1983.

Los realizadores del documental “Yo Estela” cuentan que cuando estaban filmando en su casa se habían resignado a que esa mujer siempre amable y bien compuesta no bajaría nunca sus defensas ni les permitiría entrar a lo más sensible y personal que todo cineasta busca para conectarse con su público. Hasta que Estela abrió un armario y extrajo de un sobre amarillento una serie de fotografías que fue depositando sobre la mesa como quien arma un solitario y comenzó a hablarle a su nieto: “ésta es tu mamá, estos son tus primos, que tienen algo tuyo, estamos, vivimos, esta es tu identidad, esta es tu historia, pronto tendrás que conocerla, ojalá que sea pronto, quiero contártela, te vas a reir, vas a llorar, pero es tu historia, porque es la nuestra”.

Cuando se cumplían 18 años del nacimiento de su nieto, Estela escribió: “En tu corazón y en tu mente llevás todos los arrulllos y las canciones que Laura, en la soledad del cautiverio, susurró para vos cuando te movías en su vientre. Y preguntarás un día dónde podés hallarnos y descubrirás que te gusta la opera, la música clásica o el jazz, ¡qué antigüedad!, como a tus abuelos. Escucharás a Sui Generis o Almendra o a Pappo sintiéndolos en lo profundo de tu ser, porque así lo sentía Laura. Te estoy buscando, te espero.  Con mucho amor, tu abuela Estela”.

Ignacio “Pacho” Hurbán (36), que ahora deberá decidir si prefiere elegir el nombre que le dio su madre, es músico. Y tiene una banda de jazz. Su padre biológico también era músico, cosa que obviamente él no supo cuando comenzó a estudiar música a los 12 años en su pueblo bonaerense (Colonia San Miguel, 900 habitantes) ni cuando continuó su formación de piano clásico, jazz y tango en la ciudad más cercana (Olavarría, 80.000 habitantes) ni cuando cursó en el famoso Instituto de Música de Avellaneda, antes de regresar a Olavarría, donde vive actualmente y dirige la Escuela Municipal de Música. Es autor y compositor, su vida artística es destacada, pero lo que sus amigos más se empeñan en resaltar es su calidad humana y su permanente buen humor. Hace cuatro meses escribió: “se puede enseñar lo que no se sabe, pero no se puede transmitir lo que no se es”.  Además de sus poemas y canciones, escribió esto sobre él mismo, como si el autor fuera su perro: “Ahora sale a caminar, a veces me lleva al cerro y mira las piedras, el paisaje y mira... no sé qué ve... yo sólo veo lugares para mear. Los domingos a la tarde me siento con él en el sillón a ver un deporte que no entiendo mucho, son unos tipos corriendo atrás de una pelota, él se enoja seguido y dice que son unos perros bárbaros y yo lo miro tratándole de explicar que no tengo nada que ver... Vive con Celeste, que me cuida mucho, tiene unos padres muy buenos y muchos amigos, que también lo quieren mucho porque lo vienen a ver seguido. Tiene muchos libros y se sienta a leerlos a la sombra del sauce que está al fondo del terreno, ésa es una de las partes que más me gusta. Algunos fines de semana se va de casa, me dice Celeste que a tocar el piano por ahí, seguramente debe de haber habitaciones con ventanas y pianos en otras partes, no sé; yo solo conozco mi cuadra”.

Estela es una de las personas más queridas de la Argentina. La dulzura de su firmeza y la nobleza de su búsqueda la diferencia de la agresividad de algunas luchadoras igualmente admiradas pero a veces cuestionadas. Es que las Abuelas buscan Vida, además de Justicia.

“Cuando me recibí de maestra”, cuenta Estela, “empecé a trabajar en una escuelita de Coronel Brandsen, a 42 Km de mi casa, viajaba en La Chanchita, un trencito naranja y redondo que tardaba una eternidad. Venir de una ciudad como La Plata y encontrarse con un barrio donde había tanta pobreza y tener ganas de enseñar y que alguno te responda, eso es bueno. Éramos dos maestras para cuatro grados”. “Era mitad mamá, mitad maestra”, recuerda una de sus alumnas.  “No fue una maestra más, fue La Señorita Estela, la persona que a mí me formó como chico y como hombre”, dice José Echeverri, hoy maestro: “era muy lindo ver venir a la ‘seño’ con su delantal blanco, una mujer muy elegante, una modelo… una modelo de maestra”.

La Plata era, en los años 70, una ciudad de estudiantes y obreros, donde diariamente desaparecían personas. “Vivíamos con la incertidumbre de saber cuándo nos iba a pasar a nosotros”, recuerda Estela de Carlotto. El 1 de agosto del 77, Laura le pidió a su padre una camioneta. Guido salió a llevarle la camioneta y no volvió. Laura se dio cuenta de que la estaban buscando a ella. El 15 de agosto, Guido Carlotto fue liberado. Pesaba 15 kilos menos. Habló ocho horas seguidas contando la tortura, la vejación, todas las barbaries que hacían. Estela confiesa que lo miraban con desconfianza,  costaba creer tanta crueldad.

Laura se fue a Buenos Aires con su compañero, a quien Guido había visto una vez pero Estela no conocía. Durante un tiempo, Laura se comunicó con su madre por teléfono. Cuando dejó de hacerlo comenzó la búsqueda: “Eramos muy inocentes. Primero fui a ver al Arzobispo de La Plata, monseñor Plaza, que entregaba más que ayudar, por más que me cueste como católica… Luego a políticos, sindicalistas, militares…” El general Bignone, que luego sería presidente de facto, le contó que había visto en Uruguay que los tupamaros convencían a los guardiacárceles y ellos no querían que en la Argentina se repitiera eso. “Señora, hay que hacerlo, me dijo, y en ese ‘hacerlo’ estaba implícita la muerte”.

Dentro del complejo mecanismo del Estado militar, algunos de los detenidos en forma clandestina eran liberados y transmitían la noticia de que otros secuestrados estaban vivos. De esa forma procuraban evitar la búsqueda, especialmente la difusión en el exterior, y seguían matando.  Una persona liberada que había compartido celda con Laura, le transmitió a los Carlotto que su hija les pedía que estuvieran atentos al nacimiento de su bebé, que lo buscaran en la Casa Cuna y que si era varón le llamaría Guido.  Luego supieron que había nacido el 26 de junio, pero en la Casa Cuna ni en ninguna otra entidad pudieron dar con el niño. Laura había sido secuestrada el 26 de noviembre de 1977 en Buenos Aires, tenía 21 años y estaba embarazada de dos meses y medio. Luego del parto fue asesinada y su cuerpo entregado a sus padres por la policía bonaerense.

Estela siguió buscando a su nieto, creía que iba a estar mucho tiempo en soledad, pero se encontró con otras abuelas que ya se estaban organizando, iban los jueves a la Plaza de Mayo y se reunían permanentemente. “Éramos hormigas que nos pasábamos las horas en la confitería. Fue un tiempo de ilusiones, ir a las casas cuna, a los juzgados, hablar con los jueces que nos miraban con desprecio o con lástima, nunca con humanidad. Jamás imaginábamos que había un Plan Sistemático para robarlos y criarlos con otro nombre y en otro lugar. Estábamos con gente inhumana, porque el proyecto era que jamás vinieran con nosotros”.

Sobre Laura, Estela escribió: “La primera hija, la soñada, la querida, la esperada, igual que los otros tres que vinieron después. Pero ella fue algo especial por la vida que vivió: una vida corta, intensa, con mucho contenido. Vivió apurada, empapándose de su tiempo. Estaba atenta a aprender de cada momento, de cada lectura, de todo lo que la ayudara a pensar, hacer y pa...rticipar.

Estela también ha dicho que si se hubiese quedado desesperada, llorando, sin constriuir nada, no estaría viva. Que buscarlo es un acto de vida, de desafío, de contestación: “eso nos mantiene –sostenía- yo me levanto todos los días con la ilusión”.

El pasado martes 5 de agosto, Estela llegó al juzgado de Buenos Aires donde la habían citado, vistiendo su falda escocés, su suéter naranja y un saquito marrón. Su ilusión de ese día era la de recibir la noticia de que habían identificado al Nieto número 114, una verdadera proeza que está lejos de la reivindicación total, porque falta ubicar a otros 400, además de que en muchos casos en los que se alcanza la verdad, esa verdad es dolorosa: los últimos tres casos fueron de bebés que no llegaron a nacer.

Pero esta vez la ilusión se transformó en la realidad más esperada: “Es tu nieto”, le dijo la jueza. Y el país lloró de alegría.

El nieto de Estela se enteró hace muy poco tiempo que no era hijo biológico de Juana y Clemente Hurbán, cuando alguien se animó a susurrarle la posibilidad, poco después de la muerte del dueño del campo donde se crió. Desde entonces, gracias a él, a las Abuelas y a los progresos de la ciencia en los últimos años, en pocos días se cotejaron sus muestras de sangre con las de miles de víctimas de la dictadura y se llegó a la inequívoca conclusión de que era  el nieto de Estela y Guido Carlotto y de Hortensia y Bergel Montoya. Ninguno de los abuelos conocía la identidad de la pareja de sus hijos, que vivían en la clandestinidad.

Guido Carlotto y Bergel Montoya no llegaron a conocer a su nieto. Guido Carlotto era un buen hombre, un comerciante de barrio, dueño de una pequeña fábrica, que fue devastado por la tortura, la muerte de su hija y la desaparición de su nieto. Acompañó a Estela como pudo, con mucho amor, pero no tuvo su fuerza y murió hace algunos años. Bergel Montoya había llegado en los años 40 a un árido cañadón de la Patagonia profunda llamado precisamente “Cañadón Seco”, donde la vida transcurría en torno a los pozos de petróleo. Su hijo Walkir nació y se crió en aquel pueblo de barrios diferenciados para ingenieros, para técnicos y para obreros. Tocaba la batería en una banda que llamó “Nosud” (nosotros y ustedes), empezó a preocuparse por las diferencias sociales, comenzó a militar y -con la dictadura en ciernes- perdió contacto con Cañadón Seco. Ahora se sabe que fue asesinado y enterrado como NN el 27 de diciembre de 1977. En el 2009 sus restos fueron identificados y sus cenizas esparcidas junto a las de su padre en el lejano sur.

Hortensia Ardúa, la madre de Walkir, ha sido –igual que Estela- una maestra querida por varias generaciones y hoy, a los 91 años, lloró como casi todo el país. Todavía no tuvo la suerte de que su nieto se despidiera como lo hizo con Estela:  “¡Chau, Abu!” (Tchau Vovó), cálido saludo con el que la firme, serena y luchadora mujer que recorrió el mundo buscando nietos desaparecidos, la que pocas veces llora, pareció que se derretía de emoción.

 

JOSE ANDRES SOTO

 

O papa que gosta do tango

21.04.2013 11:42

Publicado en la revista Contigo! (Brasil)

 

Jesuita, cuervo y peronista. Son las tres características que los argentinos destacan del Papa Francisco. Los jesuitas se distinguen por ser la vanguardia intelectual de la Iglesia Católica y por su preocupación por los pobres, pero también por su indescifrable ubicuidad política.  Se llama “cuervos” en la Argentina, en alusión a la negra sotana de los sacerdotes, a los hinchas (torcedores) del Club San Lorenzo de Almagro, fundado hace más de 100 años por un cura llamado Lorenzo Massa. Y “peronistas somos todos”, según dijo alguna vez el fundador de ese Movimiento, Juan Domingo Perón.

De estas tres características, se supone que lo más trascendente para la Humanidad serán sus capacidades relacionadas con la formación jesuítica, algo que los teólogos del mundo entero intentan desentrañar.  Los argentinos, en la calle, hablan más de su condición de hincha de San Lorenzo y menos de su pasado peronista. Y la mayoría de los diarios se ocupan de agigantar sus diferencias con el gobierno de Cristina Kirschner.

Los humoristas y quienes no lo son fabrican todo tipo de ocurrencias,  mientras comienzan a desfilar por  televisión cuanto vecino haya vivido a menos de 45 cuadras de la casa de Bergoglio, parientes cercanos y lejanos, amigos olvidados, múltiples compañeros de estudio y hasta la amigovia de los 12 años.

“¿El Papa toma mate?”, pregunta un radialista. “Sí”, le responden. “¿Y ahora tendrá que hacerlo en el caliz?”, rozan la herejía.

Los hinchas de Independiente (“Los Diablos Rojos”) dicen estar desesperados. “Con un Papa cuervo nos vamos al descenso”, temen con razón. Suena a excusa: Independiente ya está 10 puntos por debajo de San Lorenzo, en los fondos de la tabla.

No faltaron las agudezas referidas a la vieja rivalidad futbolística con Brasil: “Pentacampeón… Pentacampeón… ¿Cuántos papas tenés?”, bromeaba un humorista.  Los chistes malos tampoco faltaron: “Qué elección difícil para Francisco, Messi es argentino, pero Ronaldo es Cristiano”.

A las dos horas del humo blanco, frente a la Catedral de Buenos Aires ya se vendían banderas papales, las mismas que estuvieron en un depósito desde el año 1987, cuando visitó Argentina Juan Pablo II. Los cánticos eran de tono futbolero, pero no muy originales: “Ohlelé, ohlalá, el Papa es argentino, argentino de verdad”. Esa misma noche se ofrecían por internet T-shirts y jarros (mugs, canecas) con la imagen de Francisco. La cuenta de Bergoglio en Facebook creció a razón de 300 por minuto, aunque Tweeter estuvo muy por encima y atrapó en pocas horas el 10% del ruido global.

El diario Crónica tituló a página: “Salieron en la quiniela el 40 (el cura) y el 88 (el Papa)”. Como si fuera poco, en la lotería de la Provincia de Santa Fé apareció el 03, que es San Cono, el santo de los jugadores. Lo más notable es que en la mañana del día en que fue electo, en la Quiniela Nacional (jogo do bicho oficial) el primer premio coincidió con su número de socio del Club San Lorenzo: 8235. “Creer o reventar”, tituló el mismo diario, que no es el más serio del país.

La pasión de Bergoglio por San Lorenzo se conoció cuando el club cumplió 100 años, en el 2008, y el entonces Arzobispo de Buenos Aires presidió la misa celebrada en una capilla donada a los cuervos por otro torcedor famoso, el actor norteamericano Viggo Mortensen.  Se supo entonces que había seguido toda la campaña del que muchos consideran el mejor San Lorenzo de la historia, el de 1946, cuando Jorge tenía 10 años y a los cuervos de hoy todavía se los llamaba “El Ciclón de Boedo”, en contraposición a Huracán, su agnóstico rival de siempre.

 

Jorge Mario Bergoglio (76) nació y vivió en el barrio de Flores, uno de los más emblemáticos de Buenos Aires,  9 kilómetros al oeste del obelisco.  En ese barrio se conocieron su padre, José Mario Francisco Bergoglio,  y su madre, Regina María Sívori, ambos muy católicos, en una reunión de la parroquia.  Los Bergoglio provienen de Portacomaro Stazione, pequeño municipio en la provincia piamontesa de Asti, y llegaron a la Argentina – con la abuela Rosa a la cabeza- en 1929 en el buque Giulio Cesare. Tenían pasajes para viajar en el Principessa Mafalda, que se hundió frente a Porto Seguro en octubre del 27, pero debieron postergar la partida porque no habían logrado vender sus bienes en Italia. Mario trabajó como contador en el Ferrocarril y jugó al básquetbol en San Lorenzo, el club “grande” más cercano a su casa.  Tuvieron cinco hijos: tres varones y dos mujeres.  Además de Jorge, solamente sobrevive María Elena, que habita muy discretamente en el barrio suburbano de Ituzaingó.

Quizá la mayor diferencia entre Francisco y sus 265 predecesores sea que el nuevo Papa “tiene calle”, casi un sinónimo de ser argentino.  Tener calle es el antónimo de “no vivir dentro de un frasco”, es conocer los códigos y las situaciones de la vida real. Jorge Bergoglio se ordenó sacerdote cuando estaba por cumplir 33 años, para entonces ya había jugado al fútbol en la calle (y al básquet en el club, pero mal), estudiado en una escuela técnica, trabajado en un laboratorio y sobrellevado un noviazgo que –se novela ahora- pudo haberlo conducido al Seminario. Las declaraciones de su noviecita de los años 50, reencontrada ahora por los Medios locales, inducen a creer que la elección fue entre Ella y el Sacerdocio.  Aunque la historia que cuenta el periodista Sergio Rubín, biógrafo de Bergoglio, relaciona la decisión con la enfermedad que, a los 21 años, lo tuvo al borde de la muerte y obligó a un tratamiento con sondas que le provocó dolores terribles.  Cuenta el biógrafo que una monja consiguió confortarlo con una frase simple y directa: “con tu dolor lo estás imitando a Jesús”. Recuperado, con un pulmón menos, el joven Bergoglio decidió ingresar al Seminario de Villa Devoto, no muy lejos de su barrio.

Antes convertirse en seminarista se había recibido de técnico químico en la Escuela Nacional de Educación Técnica de la misma zona y había trabajado en un laboratorio. Su jefa, Esther Balerino, era una militante comunista que desapareció 20 años después secuestrada por la dictadura. Fue ella, según su biógrafo, que le despertó el interés por la política como objeto de estudio. “Es cierto que leía la publicación del Partido Comunista, pero nunca lo fui”, contó Bergoglio.

 

Sus alumnas del Colegio Inmaculada de la provincia de Santa Fé recuerdan que lo bautizaron “El Profe Carucha”, seudónimo que no prosperó fuera del establecimiento, y que gracias a él conocieron personalmente a Jorge Luis Borges. Bergoglio, profesor de Literatura, era por entonces un gran lector de Borges y de otro importante escritor argentino del Siglo XX, Leopoldo Marechal, comprometido con el peronismo, todo lo contrario a su colega.

Cuando el Futuro Papa comenzó a militar en política habían pasado pocos años desde su ordenación en diciembre de 1969. A comienzos de los 70 ingresó a una agrupación peronista llamada Guardia de Hierro, que no era la misma organización antisemita, fascista y nacionalista que existió en Rumania antes de la Segunda Guerra Mundial, pero un poco se le parecía. Era la escuela de cuadros que tenía el Movimiento Peronista para enfrentar al ala izquierda representada por los Montoneros, también originariamente católicos. La utraderechista Triple A –que inició el terrorismo de Estado en la Argentina- los consideraba de izquierda. “En Guardia había que comprender a Perón y a los Santos, la política y el mundo de la religión, la lucha por los cargos y por el Espíritu”, recuerda un viejo militante de la organización, que oficialmente se autodisolvió en 1974.  Por entonces, ya era Provincial de la Orden Jesuitica, cargo que ocupó desde 1973 hasta 1979.

 

En noviembre de 2010, Bergoglio fue citado a declarar como testigo en la causa que investigaba el secuestro de los jesuitas Yorio y Jalics, a  quienes conocía del Colegio Máximo, donde funcionaba la Curia a su cargo. Los abogados querellanes abandonaron la audiencia convencidos de que no solamente no dijo nada sino que “cuando alguien es reticente está ocultando parte de la verdad”.

La opinión más dura sobre Francisco le pertenece a uno de los periodistas más prestigiosos de la Argentina, Horacio Verbitsky. En Página12 escribió: “Es la persona indicada para tapar la podredumbre”. Desde su posición de izquierdas, dice: “Si Wojtila fue el ariete que abrió el primer hueco en el muro europeo, el papa argentino podrá cumplir el mismo rol en escala latinoamericana. Su pasada militancia en Guardia de Hierro y el discurso populista que no ha olvidado lo habilitan (…) para apostrofar a los explotadores y predicar mansedumbre a los explotados”.

En el libro “El Jesuita”, Bergoglio contó que le entregó su cédula de idenetidad a un sacerdote físicamente muy parecido para que  pudiera cruzar la la frontera hacia Brasil, y que protegió a estudiantes de teología ligados a monseñor Enrique Angelelli (asesinado por la dictadura).

El coordinador del Grupo de Curas en Opción por los Pobres, Eduardo de la Serna, reconoce que “en Buenos Aires ha sabido ser pastor, después de arzobispos que eran príncipes de la iglesia”. Para los curas tercermundistas, el hecho de que se haya elegido al candidato argentino y no al brasileño no es una cuestión futbolera: “Odilio Scherer está mucho más a la derecha que Bergoglio”.

Nunca fue un “cura villero” (los sacerdotes que actúan en las favelas) pero en los últimos años los alentó en su tarea.  Ahondó y desarrolló el diálogo entre el cristianismo y el judaísmo en la Argentina, compartió con distintos rabinos la conducción de un programa de TV y la autoría de un libro.

 

La historia más contada en estos días es que habitualmente viaja en autobús, metro y tren. Igual que el padre de la también argentina Máxima Zorraguieta,  la futura Reina de Holanda, sorprendido hace poco viajando en un “colectivo” porteño. Pero el ex cura jesuita Miguel Mom Debussy (63) sostiene que eso es nuevo, porque “en la larga década en que yo lo serví no iba a ningún lado sin el auto, ni siquiera a los barrios que estaban a pocas cuadras”.  

Algo poco conocido del Nuevo Papa es su especial devoción por la Virgen Desatanudos (Nuestra Señora de Knotenlöserin), muy popular en la Argentina en los últimos años, una imagen que hace referencia a los problemas humanos que se simbolizan como energías que atascan el normal flujo de comunicación entre Dios y los humanos, y que ha sido reinterpretada para encomendarle que desate cualquier nudo que se presente en la relación humana.

El  cura rockero César Tagle, líder de la banda “El padre Cesar y los pecadores”, que cantaba “Un Papa Latinoamericano” mucho antes de la elección de Francisco, se considera amigo de Bergoglio, y contó que el ahora Papa lo llamó un día para decirle que una señora le había entregado “este montón de CDs” como limosna y le pidió que los repartiera pero que antes le grabara un cassette (sic) con unos temas de Edith Piaff que le gustaban mucho. 

El cardenal Bergoglio fue un gran contenedor de los familiares de las víctimas de las dos mayores tragedias ocurridas en Buenos Aires en los últimos años: el incendio de la discoteque (boate) Cromagnon (194 muertos) y el choque de un tren contra la  Estación Once (51 muertos).  También celebró misas, apoyó marchas y gestionó ayuda para las víctimas de la trata de personas: “nos apoya desde el 2008, cuando denunciamos la red de prostíbulos que funcionaba en los alrededores del Departamento Central de Policía”, relataron al diario Clarín en la cooperativa antitrata La Alameda.

“Hablar con él es como transitar un rato por fuera de la realidad”, cuenta su amigo Julio Bárbaro, un ex Guardia de Hierro que formó parte del gobierno de Néstor Kirchner, y a quien Bergolio le encargó intentar un acercamiento con el entonces Presidente. “Fracasé. A mi amigo Néstor no lo conmovía mucho la espiritualidad”, escribió Julio Bárbaro.

Algunas frases de Jorge Bergoglio para tener en cuenta: “A veces llevamos a los viejos al geriátrico. Los guardamos como un sobretodo en el ropero; sólo faltaría que le pusiéramos unas bolitas de naftalia en el bolsillo. Pero no es así, hay que quererlos” (2005). “La deuda social es inmoral, injusta e ilegítima” (2009).

¿Cómo, cuándo y por qué se pierde la grandeza?

27.10.2012 15:38

 

Publicado en el diario PERFIL el 11/06/98,.

¿Cómo, cuándo y por qué se pierde la grandeza?

Los Cinco Grandes fueron unos cómicos fenomenales para su tiempo, que se llamaban Zelmar Gueñol, Jorge Luz, Rafael Carret, Guillermo Rico y Juan Carlos Cambón. En el fútbol, los grandes siempre fueron seis. Tres parejas, para ser más exactos: dos de capital y una de Provincia, animadores de los tres grandes clásicos del fútbol nacional: River-Boca, San Lorenzo-Huracán y Racing-Independiente.

De vez en cuando, y desde hace tiempo, aparecen quienes reclaman un lugar para Vélez en la barra de los grandes, y hasta algunos pretenden desplazar al Globo, en verdad ya abandonado del “club” por los más jóvenes habladores y relatores de deportes, y por una empresa a la que varios de ellos pertenecen. Hasta parece haberse creado una polémica al respecto, porque me pidieron que explicara aquí las razones por las cuales Huracán está entre los grandes, que es como tener que expliar por qué Gardel fue Gardel, y no Magaldi.

Los Grandes son simplemente grandes, y Huracán ya era grande antes del ’30. El club que nació homenajeando las hazañas de Jorge Newbery se hizo grande con fútbol, cuando éste era nada más y nada menos que un juego, antes de los feroces años de la recesión que –¡oh casualidad!- trajeron el inevitable devenir del profesionalismo.

Desde el tiempo en que aprendí a deletrearlo en las enormes páginas de Crítica, los clásicos entre grandes los protagonizaron, como quedó dicho, River-Boca, Racing-Independiente y San Lorenzo-Huracán, con las múltiples combinaciones de sus cruzamientos. Los ‘olvidos’ del Globo entre su pares comenzarona aparecer mucho más tarde –especialmente cuando perdió a su aparcero San Lorenzo por un tiempo-, cuando ellos se fueron al descenso, circunstancia infeliz que le cupo luego al Globito, tercere grande que caía al vacío sabatino.

Huracán ya fue pobre, mucho más pobre que en los magros tiempos de hoy: en la época en la que otros anglicados clubes servían té en el vestuario, en la cancha de Patricios se ofrecía un criollo mate cocido a los rivales. Porque Huracán, como decía Julián Centeya, era “el único porteño, entre tanos, gallegos y fifís”. Su “heráldica suburbana del globo rojo sobre campo blanco” (Homero Manzi) lució más tarde en el primer estadio sudamericano, llamado por entonces –y aún hoy por algunos- El Palacio de Cemento. Aquellos fueron tiempos de cierta riqueza, que son sólo una circunstancia en la vida.

La grandeza de un club de fútbol, como la de un hombre, no se mide por su centa bancaria (¡qué sería del Gran Racing!) ni por sus años sin ganar campeonatos (otra vez Racing) ni siquiera por carecer de cancha (¿o acaso San Lorenzo fue ‘suspendido’ como grande al perder su Gasómetro?

Luis Federico Leloir fue un grande sentado en su silla de esterilla, y nunca lo fueron otros, cargados de oropeles.

Así como existen fórmulas para medir con cierta precisión el nivel socioeconómico de las personas, es posible que alguien pergeñe en el futuro una tabla combinando campañas de los equipos; cantidad de socios; centimil en los medios; estado de cuentas; rating de televisión; plateas disponibles y precio de sponsor en la camiseta, para calificar los clubs de fútbol. No dudo de que en esa tabla –que encabezará River- habrá un buen lugar para Vélez y Rosario Central, Pero, como la grandeza está afianzada en la tradición y no se compra con cemento, los grandes del fútbol seguirán siendo seis.

Nadie podrá negar los méritos institucionales y deportivos de Vélez Sarsfield, que despegó con la grandeza de José Amalfitani y supo aprovechar su ubicación periférica para ganar camino hacia el  oeste. Peero si en una supuesta evaluación de todos los clubes también incluyéramos el aporte de talentos al fútbol mundial, nadie en el país podría competir con Argentinos Juniors y Newell’s Old Boys, tradicionalmente inscriptos en la línea estética que también defienden grandes como River e Independiente, y que hoy el Globo no consigue honrar.

No nací ni viví en Parque de los Patricios. Soy del barrio de Huracán, de Huracán de Mar del Plata, uno de los tantos huracanes sembrados por el país (Comodoro Riv adavia, Tres Arroyos, Corrientes, etc) a partir de la admiración que generan los grandes (A propósito: ¿cuántos Vélez o Ferros existen fuera de Buenos Aires?).

Vélez Sarsfield es un emergente institucional que carece de linaje, y ni siquiera cuenta con un San Lorenzo –o Boca, o River, o Independiente, o Racing, o Huracán- para jugar un Gran Clásico. No estaba aquí cuando se entregaron los blasones y ahora ya es tarde para entrar a la nobleza futbolera pagando peaje.

 

José Andrés Soto

(Sao Paulo, Brasil, 10/6/98)

1979 - Semanario: los parientes tenían razón.

26.10.2012 17:22

 

Publicado en el libro 25° ANIVERSARIO de EDITORIAL PERFIL / Noviembre 2001

El número cero de SEMANARIO (julio del 79) fue un fracaso entre los periodista sy un éxito entre los parientes. Por suerte, no les hicimos caso a los colegas y , en pocos meses, la revista había batido todos los records esperados de venta y pronto la imitarían otros |4 tabloides. La idea había surgido comiendo una provoleta con Jorge Fontevecchia, después de un largo cierre de La Semana.

Queríamos heredar los lectores de Así y Selecciones, que no se parecieron en otra cosa que no fuera en su sensibilidad para conectarse con su público. Creíamos –y acertamos- que la gente todavía quería leer, que sabría valorizar la calidad del texto por sobre la calidad del papel, y asumimos el formato tabloide y el papel sin brillo para se pareciera as un diario y nos permitiera venderla a mitad de precio de las revistas con tapa.

Decidimos priorizar lo interesante por sobre lo importante. Las Noticias de la Semana ocupaban una columna y el título de tapa –al estilo de los viejos tabloides norteamericanos- era decididamente de servicio, privilegiando una nota de divulgación médica (el colesterol era nuestro mayor enemigo) o una buena dieta. Defendimos la credibilidad del medio como lo hubiera hecho el Washington Post y la primera dieta, creada por Alberto Cormillot, la probó Jorge Fontevecchia en su propio cuerpo antes que se publicara.

El porcentaje de servicios, medicina, espectáculos, deportes, interés general y cada uno de los ítem que componíanlas 48 páginas tabloide de compacta diagramación estaba calculado para que un lector de SEMANARIO jamás se quedara sin tema de conversación. Había una fórmula, bien elaborada, y un elenco de profesionales sin los cuales –con su pasión incluída- ninguna fórmula hubiera funcionado.

JOSE ANDRES SOTO

Director Editorial

 

PD 2012: luego de 20 años, en los que circuló más de 100 millones de ejemplares, Semanario se convirtió en una revista preferentemente de espectáculos.

1985 - La femenina más exitosa

26.10.2012 17:18

 

Publicado en el libro 25° ANIVERSARIO de EDITORIAL PERFIL / Noviembre 2001

Creo que con MIA inauguramos el término “ingeniería editorial”. Nadie podrá asegurar, sin arriesgarse a que lo desmientan, que es el padre de la criatura. Quizás el mayor inspirador haya sido Axel Ganz, un extraordinario editor alemán que nos regaló algunos conceptos novedosos sobre revistas femeninas. Paradójicamente, su editorial lanzó en España –años después que Perfil- una revista también llamada Mía, muy parecida a la nuestra.

Jorge Fontevecchia tenía claro el objetivo de marketing: el mercado había sido cortado verticalmente en el pasado (una revista para el hombre, otra para la mujer, otra para el hijo…) y ya lo habíamos hecho horizontalmente 8con precio de tapa) y actitudinalmente (para mujeres independientes). Ahora, con una revista femenina y de bajo precio, haríamos un doble corte quedaría formada una “cuadrícula”.

Notable conocedor de las artes gráficas, Alberto Guido Fontevecchia definió un envase raro, novedoso y económico, que nos permitiría imprimir en huecograbado, con papel brillante, de una sola entrada en máquina. El envase era tan ajustado para el contenido editorial que no aceptábamos avisos (sic).

Por mi parte, como cualquier periodista que pretende tener ideas nuevas todos los días, no me resultó muy agradable descubrir que estaba reciclando algunos conceptos ya utilizados ses años atrás para SEMANARIO. Pero el país y la mujer había cambiado, y los conceptos de diversidad y utilidad bien podrían ser actualizados. A las tradicionales revistas para mujeres dependientes del hombre, se le había sumado MUJER, para independientes, y hasta algún intento para mujeres que prescindían del hombre. MIA se apartó de ese juego: sólo pretendería ser útil a la mujer, tuviera o no tuviera un hombre al lado, adelante o atrás. Asumió que la televisión también había innovado y que el color era un código más. Editó sus notas de manera que la revista pudiera leerse durante los cortes publicitarios y que un código no explícito devolviera a la lectora al punto anterior. Tenía fórmula y apeló a buenos profesionales de ambos sexos, en tiempos en los que había menos mujeres periodistas y pocos hombres que se le animaran al crochet. Como la mujer misma, es una revista que logró evolucionar permanentemente sin dejar de ser ella misma.

JOSE ANDRES SOTO

Director editorial

Pepe Mujica para brasileros

25.10.2012 17:33

 

Veresión en castellano de la nota publicada en la revista "Contigo", de Brasil, en agosto 2012.

 

José Alberto Mujica Cordano (77) es un “viejo loco”, según su propia definición. “Pasé 14 años en cana y tengo 9 balazos, una vez quise arreglar el mundo y ahora ando peleando para que haya cuatro platos de comida seguros y un laburo para todo el mundo”.

No es fácil traducir los textuales del Pepe Mujica, como todos lo conocen, pero sí su contenido. Su idioma es campechano, llano, sencillo como Uruguay mismo, el adorable “paisito” inventado hace 200 años como una cuña para evitar las guerras entre Argentina y Brasil. Habla como se viste: camisa, vaqueros, sandalias, boina vasca y campera cazadora. No transa con la corbata, pero excepcionalmente puede usar un traje, fuera de moda, como hace dos meses en Río de Janeiro cuando inició su discurso en la Cumbre sobre Desarrollo Sustentable preguntando a los representantes de 139 países qué le pasaría a este planeta si todos los habitantes de la India tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes. “¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?”.  Así de simple. Piensa como Aristóteles pero habla como Juan Pueblo, dicen sus amigos que lo acompañan desde cuando militaban juntos en el Movimiento Tupamaros.

En su viejo VW se lo suele ver por las calles de Paso de la Arena, su barrio de siempre, a 20 minutos  del centro de Montevideo. Hace algunos sábados, los jugadores del modesto Huracán, un club de segunda división que estaba por jugar la final del ascenso, lo vieron bajar del Fusca con una tapa de inodoro en la mano, camino a la ferretería. Lo interceptaron para invitarlo a tomar unos mates, el Pepe aceptó, se quedó conversando un buen rato y los muchachos salieron encantados con sus consejos sobre la vida.

Mujica vive en su chacra de Rincón del Cerro, a 5 minutos de la ferretería con Lucía Topolansky (67) su compañera desde hace 40 años y Manuela, su perra de tres patas.  Es hijo de una floricultora y un padre ganadero que murió al poco tiempo de quebrar su negocio, cuando Pepe tenía 6 años. Desde los 13 hasta los 17 años practicó ciclismo en todas las categeorías.  Fue un alumno inquieto y excelente en el Liceo Público, pero luego abandonó la carrera de Derecho sin recibirse.

“A los 14 ó 15 años se me fueron entreverando los dados. Nací en un barrio donde se iban muriendo las chacras y venían los solares, en la época en la que los obreros empezaban a hacer una casa, como podían, pero se la hacían. Mitad chacra, mitad clase obrera que emergía. Ese es mi barrio, todo entreverado”.

A fines de los 60 comenzó a militar en Tupamaros, un movimiento guerrillero muy particular que nació en apoyo de una revuelta de cañeros en Bella Unión, frente a Barra do Quaraí. La gente simpatizaba con los “tupas” porque no tenían el gatillo fácil y cada tanto detenían un camión de mercadería y las repartían entre los pobres de la zona.  Un día que estaban planificando el robo a una familia millonaria, en un bar de Montevideo llamado La Vía, Mujica y otros  compañeros fueron sorpendidos por la policía. El Pepe ayudó a que sus compañeros escaparan, pero él fue apresado “por lento”. Lo tenían agarrado entre dos y esposado, mientras otro policía lo seguía apuntando con su arma, tembloroso. “Ya estoy preso, loco, se te va a escapar un tiro”, intentó tranquilizarlo. No pudo. El tiro se le escapó y le dio en la barriga.  Lo llevaron al Hospital Militar y tres meses después fue alojado en la cárcel de Punta Carretas, que ahora es un shopping pero entonces era un penal de 400 celdas divididas en dos planchadas de cuatro piso cada una, separadas por un patio central. Segurísima, creían. El 6 de setiembre de 1971, Mujica ideó uno de los escapes más espectaculares de la historia carcelaria mundial, que él mismo denominó El Abuso por la forma como abusaron de los carceleros al cavar 40 metros de túneles y perforar todas las paredes en apenas tres semanas para que se fugaran 106 guerrilleros y 5 presos comunes.

Volvió a prisión con el cuerpo cosido a balas, y estuvo “diez añitos” aislado en un pozo  al igual que otros ocho rehenes que la dictadura militar prometió eliminar si reaparecía la guerrilla, entre ellos Raúl Sendic, muerto en París en 1989, y Henry Engler, que fue candidato al Nobel de Medicina. Mediante el aislamiento, los acercaban a la locura. Mujica dice que llegó a hablar con ranas y hormigas.

 

Por falta de bebida y alimento, se enfermó gravemente de la vejiga y los riñones (hoy tiene sólo uno), necesitaba ir seguido al baño, pero los carceleros no se lo permitían. Necesitaba tomar dos litros de agua por día, pero no se la daban, y tuvo que reciclar su orina. Con el paso de los años, la seguridad “se relajó” al punto de que le permitieron a su madre que le llevara un recipiente para orinar. Desde ese momento, Mujica llevó su escupidera bajo el brazo cada vez que lo cambiaron de cuartel, cada seis meses.

El 14 de marzo de 1985, cuando acabó la dictadura y Luis María Sanguineti asumió como presidente constitucional, los nueve rehenes fueron amnistiados y puestos en libertad. Mujica salió del penal con la escupidera en la mano, florecida de caléndulas.

“Yo no soy afecto a hablar de la tortura y de lo mal que lo pasé. Incluso, me da un poco de bronca porque he visto que ha habido una especie de carrera medida con un torturómetro. La vida está llena de trampas tan inconmensurables, tan trágicas, tan dolorosas, que lo que me pasó a mí fue una pavada”.

Apenas salió, lo invitaron a hablar en un acto de jóvenes. “Cuando subí al escenario había un olor a marihuana total. Y yo me puse en el lugar del abuelo, y les hablé de la vida, les dí consejos. ¿Qué voy a hacer? ¿Un discurso político?”.  Sus métodos de lucha contra la drogadicción son particulares. Desde el mes próximo, el gobierno plantará marihuana,  que luego comercializará de forma controlada (brasileños abstenerse: es sólo para uruguayos). Antes había sugerido resolver el tema de la drogadicción “agarrando a los adictos del forro del culo y metiéndolos para adentro de una chacra”. Esta frase se explica con otra, tampoco muy ortodoxa: “Una de las ventajas que tiene ser viejo es decir lo que uno piensa, pero eso parece armar un revuelo de la puta madre que lo parió”.

El 1 de marzo de 1995, José “Pepe” Mujica llegó al Parlamento en una motocicleta Vespa, con el pelo alborotado por el viento, un pantalón de jean y una campera negra, dejó el scooter estacionado en la entrada y el guardia le preguntó cuánto tiempo pensaba quedarse. “Si no me rajan antes, cinco años”,  dicen que contestó. Es muy probable que sea cierto. Pepe es así. Fue cinco años diputado, luego fue elegido Senador, más tarde nombrado ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca y desde el 2010 es Presidente de la República Oriental del Uruguay. Sus progresos son notables: ahora maneja un Fusca modelo 1987.

Antes de llegar a la presidencia, Mujica ha recibido periodistas sin la dentadura puesta, con el pantalón arremangado hasta las rodillas y con una gota de sudor colgando de la nariz, y en la misma mañana de los comicios presidenciales en pijama, con la barba crecida.  Desde que asumió, sólo concedió tres entrevistas en el lugar porque los asesores temen a sus dichos, y han preferido que hable en el ámbito de la Casa de Gobierno.

 

LAS ANECDOTAS

Son tantas las anécdotas sobre el Pepe y su estilo de vida, que ya ese hace imposible saber cuántas son reales, aunque todas son creíbles. Una famosa presentadora argentina cuenta que lo vio llegar en su Fusca a un restaurante de Colonia del Sacramento –pequeña ciudad uruguaya frente a Buenos Aires- , almorzar con su esposa sin que nadie los moleste y pagar la cuenta en efectivo. “Si no le cobramos no viene más”, le explicó el mozo.

China Zorrilla  (90) es una gran actriz uruguaya de notable carrera y prestigio en la Argentina,  una especie de Fernanda Montenegro varios años más vieja.  Hace poco declaró que querría ir a Montevideo a conocer “al Pepe”. No fue necesario, porque el presidente de su país se presentó a conversar con ella en su casa de Buenos Aires.

Una vez por año, en el autódromo de El Pinar se corren “las dos horas del Super Escarabajo”,  una competencia tradicional que en realidad dura 20 minutos.  El 12 de mayo,  el Pepe Mujica condujo su querido fusca celeste en la vuelta previa. (http://www.youtube.com/watch?v=ay2TrhR5nkY)

 

Su compañera Lucía Topolansky era una mujer hermosa, de cuerpo tan macizo que le decían “la tronca”. Entre 1970 y 1985 estuvo presa casi todo el tiempo. Es hija de una familia de clase media acomodada y estudió en la escuela de monjas Sacre Coeur. Se alistó a Tupamaros en 1969, conoció al Pepe, estuvieron juntos algunos meses, pero luego ambos terminaron en la cárcel. Se reencontraron en libertad, “como los dos andábamos solos terminamos juntándonos” y “a un día a Pepe se le ocurrió casarse y nos casamos”. En el año 2005, firmaron la libreta de matrimonio en la cocina de paredes desconchadas de la chacra, con sus vecinos como testigos.

Es sabido que Mujica rechazó la residencia presidencial para vivir en su chacra, ha dicho que el cargo no tiene por qué cambiar la personas y que para él es “un laburo: me baño y me voy a trabajar”.

 

“Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers. No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible, que podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción”.

 

“Como todo viejo empiezo a tener problemas, me despierto tres o cuatro veces en la noche, pero bueno… voy tirando.”

 

JOSÉ ANDRÉS SOTO

Mi pueblo resiste cualquier cascoteo

12.02.2012 16:58

 

Publicado en el diario El Atlántico de Mar del Plata el 12/02/12

 

Se lo copié a Mario Trucco. Digo “mi pueblo” y alguien pregunta cómo se llama. Digo Mar del Plata, se sorprenden porque “es una gran ciudad” y comienzan los elogios para el lugar donde (casi) todos querrían vivir.

Un amigo tiene otra estrategia. Se resiste a decir de dónde proviene, hasta que finalmente cede: “soy marplatense”. “¿Y por qué no lo querías decir?”. “No me gusta fanfarronear”.

Hace 35 años que trabajo fuera de Mi Pueblo con Mar, aunque vuelva a casa a cada rato, y en la epidermis de la ciudad se oyen las mismas cosas, temores que van y vuelven, críticas, entusiasmos, premoniciones.  La sensación es rara: una ciudad maravillosa, eternamente inacabada.

Que va y viene, como los turistas, como las olas. En realidad, como el país.

Amada y cascoteada desde siempre. Entre los no-amigos de la ciudad se ha destacado un filósofo porteño que niega al fútbol y al rock como parte de la cultura. Vale la pena recordarlo, ahora que las páginas amarillentas se reproducen como verdades por Internet. Sobre finales de los 60, luego de su valioso y exitoso “Buenos Aires, Vida Cotidiana y Alienación”, Juan José Sebrelli tomó algunas teorías alemanas muy interesantes, sintetizó bien la historia marplatense, se entrevistó con algunos “iluminados” locales de la época y pergeñó  “Mar del Plata: el ocio represivo”. Luego de unas 70 páginas de historia bien interpretada, el filósofo antifútbol decía cosas como ésta: “La propaganda de la industria de la diversión crea en todos los jóvenes del país la ilusión de una Mar del Plata desenfrenada donde se suceden las fiestas más locas que puedan soñarse en medio del aburrimiento de un sábado a la noche en una ciudad de provincia. Cuando llegan se encuentran con un mundo de familias apacibles que van al cine, a veces al Casino, o que recorren la calle San Martín, mirando vidrieras, como lo hacen en la calle principal de cualquier ciudad provinciana”.”Pero a los pocos días todos los jovencitos repiten la misma cantinela desilusionada: aquí no pasa nada”. (ja ja ja)

 

Cual si fuera el abanderado de las minorías esclarecidas, Sebrelli afirmaba que “los sacrificios exigidos por las vacaciones son siempre mayores que los exiguos placeres que otorga; interminables esperas para sacar pasaje, excitación de los preparativos, incomodidades del viaje, búsqueda de hotel, mala alimentación, trastornos gástricos por el cambio de régimen, problemas de estacionamiento para el que tiene coche, problemas de transporte para quienes no lo tienen, ambiente de agresividad constante”.  Un texto divertido para decirlo a la velocidad de Tato Bores, nefasto para quien tendría como opción a esos padeceres (luego compensados por el mar) a los 35° del asfalto metropolitano.

Otra: “Miles de millones de pesos de producción potencial se desperdician en una ciudad suntuaria, totalmente  improductiva (sic)  como Mar del Plata”.

“El auge de la propiedad horizontal trajo como consecuencia la decadencia de la industria hotelera”, profetizó años antes de las inauguraciones del Sheraton y el Costa Galana.

“El día que todos los habitantes de Buenos Aires pudieron ir a Mar del Plata, ésta dejó de ser la playa salvaje de los primeros años para convertirse en una réplica exacta de Buenos Aires, con sus mismos problemas urbanos”, simplificaba el filósofo, sin sacar la cuenta de cuántos residentes del conurbano bonaerense conocían nuestras playas.

Cincuenta años después, Sebrelli sigue odiando el presente, como definió el filósofo contemporáneo Tomás Abraham: “no sólo es severo respecto del presente, sino inquisitorial”, remató el colega.

Aquel año en el que Sebrelli presentó su libro, estallaba la avenida Constitución de Ye-Ye a Krakatoa, pasando por Matokos, boliches desaparecidos –ciertamente- pero reciclados en otros en los que ¿seguirá sin pasar nada?.

 

La diatriba del filósofo es inocua. Pero no fue el primero ni el único que vislumbraba nubarrones en la costa. Antes que viniera Sebrelli, la histórica y venerada Primera Plana publicó un artículo en el que el redactor creyó ver la Loma de Colón en la calle Catamarca y “una larga cola de taxis esperando pasajeros bajo la llovizna”, en tiempos anteriores al remis y el radiotaxi y en los que en un día de lluvia ni valía la pena llamar a la parada porque estaban todos circulando.

Antes aún, en el comienzo de los 60, una huelga de empleados de Casinos hacía suponer a muchos que “sin Casino nadie irá a Mar del Plata”. Vale aclarar para quienes no lo sepan que por aquellos tiempos había quienes decían que la única atracción de Mar del Plata era el Casino; es cierto que el teatro era escaso (Miguel Bebán en su carpa, algo en el Auditorium, el Sacoa), en Constitución asomaba Pancho Freddy, el fútbol de verano se jugaba en Colón y Marconi… pero ni el casino más grande del mundo –precisamente el nuestro-  podría albergar a todos los turistas que llenaban las playas año tras año.

Las falsas premoniciones siguieron. Por los años 80, cuando todavía no se hablaba de “medios hegemónicos”, el Gran Diario Argentino descubría manchas de petróleo que avanzaban sobre las playas y amenazaban la temporada veraniega, además de otras plagas que las malas lenguas relacionaban con un negocio rioplatense.

En los 90: “Con estos precios, todo el turismo se volcará a las playas brasileñas”.

 

Nadie negará que hubo años malos y peores, pero nunca fue por el ocio represivo, las manchas de petróleo, la falta de Casino ni las “campañas antimarplatense”. En el inicio de las vacaciones de invierno del 89, en todo el recorrido de la ruta 2 no pasé ni me pasó un solo auto. Esa vez sí que no vino nadie (o casi), ni a Mar del Plata ni a ninguna parte.

 

Pero las olas van y vuelven.

 

Como toda actividad “suntuaria” (valen las comillas, porque en realidad no lo es), el turismo se maneja ampliando el PBI. Es decir, cuando el Producto Bruto Interno de un país baja, el turismo baja mucho más, y cuando el PBI crece, el turismo crece mucho más.

 

Julio César Gascón, además de darle nombre a la calle intermedia entre las del negro Falucho y el cura Alberti, fue intendente (conservador) hace casi un siglo. En sus “Orígenes Históricos de Mar del Plata” escribió que: “ la costa de este partido de General Pueyrredón constituye una excepción en el litoral uniformemente medanoso de la Provincia de Buenos Aires, por la acumulación de pórfidos cuarzosos y feldespáticos que afloran en distintas partes de la misma, adquiriendo la mayor elevación –35 metros- en Cabo Corrientes”. Muy técnico, para dejar claro que la belleza de esta costa es muy anterior a todos nosotros.

 

Esa es sólo una de las razones por las cuales no hay que temer a las profecías apocalípticas. Claro, siempre y cuando no nos quedemos dormidos en la arena, por no decir En los Laureles.

 

José Andrés Soto

 

 

PORFIDO: m. Roca eruptiva, compacta y dura, formada por una pasta vítrea oscura y granulada en la que se incrustan grandes cristales de feldespato y cuarzo: la tumba de Napoleón está hecha de pórfido.

Cuando el flaco Spineta cantaba en inglés en la avenida Constitución

09.02.2012 17:02

 

(Publicado en El Atlántico de Mar del Plata el 9/2/12)

 

“La Almendra es una cosa sencilla” titulamos en 1968 el que debe ser uno de los primeros reportajes a Luis Alberto Spinetta. Cantaba en inglés. Lo escuchamos por primera vez desde la trastienda de Matokos, en la avenida Constitución, a pedido del gallego López –propietario del boliche- que había descubierto la joya. Era (eran) demasiado buenos para el lugar. Al flaco sólo se lo conocía como autor de “Tema de Pototo” (para saber, como es la soledad, habrás de ver que un amigo no está), pero sus amigos lo adoraban y ya sabían quién sería. Emilio Del Guercio, que había nacido 18 años antes en Mar del Plata y estudió con él en el Instituto San Román de Nuñez, hizo buenas migas con Eduardo Cao y nos invitaron al pequeño departamento que compartían en la calle Alberti, cerca de la (ex) Terminal de Omnibus. Allí empezamos a entender lo que nos contaban los hermanos Del Guercio y Edelmiro Molinari (¿estaba Rodolfo García?): esos muchachos estaban inventando el rock nacional.  El más callado era Luis Alberto Spinetta. De sus dichos y sus actitudes nació el título de la nota, que sin hacer futurismo hablaba de lo que ese grupito estaba preparando. “Es un genio”, aseguraban Del Guercio y Molinari. El Flaco ya pintaba para anti-star. “El rock nacional ya fue fundado por Manal”, me aseguró aquel día y se deshizo en elogios para el trío Medina-Gabis-Martínez. “Nosotros lo único que queremos es que nos escuchen en nuestro idioma”.

Por eso estaban en Mar del Plata, cantando en inglés. Juntaban unos pesos para comprar equipos, con los que un año después grabarían su primer vinilo larga duración, que incluía “Muchacha, ojos de papel”.

Recuerdo un pasaje de aquel reportaje.

-Te drogas?

-“Sí, me estoy drogando”, me contestó el flaco mientras tomábamos.

Aquel genio flaco y bueno murió ayer. Flaco y bueno.

Entre otras cosas, dejó un mensaje: un genio también puede ser (debe ser) buena  persona.

 

José Andrés Soto

 

Uranga y Ayesa, la esquina de lo empírico y lo académico

13.03.2011 01:01

Sospecho que todavía no sabíamos qué quería decir empírico en tiempos que empezamos a aprender de Helmer Uranga y otros Grandes de cuando éramos chicos, como Raúl Ramírez, Sportman (Horacio Gaudini) o Pivot (Letfala Abraham). Con afecto y agradecimiento, quiero adherirme al homenaje de José Luis Ponsico al Negro Uranga, tan querido y respetado por todos los que lo conocimos. En mi caso desde cuando lo escuchaba por LU6 comentando junto a Ramírez y más tarde –lejano 1964- cuando yo mismo hacía las “conexiones” volando en moto en los entretiempos desde la cancha de Once Unidos hasta el Estadio San Martín para contar los partidos o hasta el teléfono más cercano para transmitirle los goles a Osvaldo Martínez.  Al terminar la jornada, como decíamos, solía llegar al Estadio  San Martín un poco más tarde que Secuelo (joven, rubio y atlético), que pedaleaba desde Alvarado, y antes que Tolosa, el más veterano, que venía en su bici desde la cancha de River. Sólo Calvito tenía el privilegio del único móvil. Admirábamos y queríamos a Uranga.

Pido la palabra no solamente para ratificar lo que tan bien dijeron José Luis en El Atlántico y Raúl (otro maestro, uno de los mejores relatores argentinos de todos los tiempos, y no exagero) en La Capital. Quiero sumarle al homenaje de Ponsico a lo empírico mi defensa de lo académico.

Lo empírico y lo académico, en el periodismo marplatense, se encuentran en una esquina real de Laguna de los Padres de cuya existencia supe hace muy poco: la calle Helmer Uranga y el Camino Félix de Ayesa, extraña coincidencia –si lo es- de las ordenanzas municipales.

 Uranga, hoy nombre de calle, dueño de una cultura general tan sólida como sus conocimientos de fútbol, fue un  empírico como periodista porque en sus tiempos no había otra forma de serlo. Don Félix de Ayesa, fue un activista social, como se diría hoy,  luchador entre muchas otras cosas por lograr que los nuevos periodistas de hace medio siglo tuvieran una formación académica, supieran qué es el proceso de la comunicación, abrieran sus mentes, unieran la técnica profesional al conocimiento humanístico. Don Félix, un vasco fenomenal, se proponía y lograba guiarnos en la primera Escuela de Periodismo de Mar del Plata de la misma forma que Helmer lo hacía entre quienes ya nos habíamos iniciado y tuvimos el privilegio de compartir algún espacio cerca suyo. Esa esquina curiosa en la que dos admirados y queridos maestros se juntan le dio forma a ese periodismo marplatense que Ponsico añora con razón.

Bajo el farol de la esquina está parado Mario Trucco, no sólo el mejor periodista nacido en estos pagos sino también el que mejor sintetiza lo que en aquella época eran dos corrientes distintas, la de los que decían que con la redacción alcanzaba y los que creíamos en el aula y la experiencia unidas.  Mario era maestro normal, faltaban años para que lo convocara Fioravanti, y ya aplicaba en aquella escuelita dirigida por Roberto Del Valle sus conocimientos pedagógicos para transmitir el periodismo aprendido en aulas, calle, canchas y redacciones, leyendo a Borocotó, escuchando a Fioravanti. Como suele ocurrir más que a menudo, Mario es en la vida lo que fue en la Normal, en el barrio, jugando al fútbol, en el diario o en la radio, buena gente como base irrenunciable para ser bueno en la profesión, y ahí está hoy acompañando como ninguno al Cholo Ciano como lo hizo guiando a los que nos iniciábamos apenas un poco después que él, en los años 60.

En esa década pasamos del aula a las redacciones con Roberto Colombo, Humberto Gaeta, Marín Vega, Eduardo Cao, Agustín Arias, Tito Brovelli y otros de rápido tránsito por la escuelita como Yiyo Arangio (notable relator) y Julio César Petrarca (nadie escribe como él). Nos fuimos mezclando con próceres como Roberto Propato y Amadeo Courel, escritores de la talla de Enrique David Borthiry, Juan Carlos Fernández Díaz o José Eduardo Seri, el luego cineasta Mario David y colegas tan valiosos como Miguel y Jorge Alfieri, Horacio Tarifeño, Antonio Freije, Oscar Gastiarena, Sabino Maljasián, Jorge Marcángeli, Juan Mario Duhalde, Jorge Palumbo y Rodolfo Hidalgo, entre otros que nos precedieron, guiaron y acompañaron. O que asomaban desde otras fuentes, como Pedrito Leguizamón, José Bartha, Hugo Alfonso, el Negro Molina, Juan José Moro y Adalberto Vecchiarelli.

Mar del Plata ya era otra en los 70 que añora Ponsico. Ya no alcanzaba con la escuelita, habíamos leído a Dorfman y Mac Luhan, sabíamos que un mal médico mata de a uno, un mal ingeniero de a cientos y un mal periodista puede pudrir a una sociedad entera. Con empíricos generosos como Jorge Alfieri, Antonio Freije y Juan Carlos Fernández Díaz, a la escuelita convertida en Instituto Superior de Ciencias de la Comunicación le sumamos a nuestras mayores o menores experiencias un profesorado de excelencia entre los que estaban Roberto Sanmartino, Enrique Pecoraro, Marcos Verde, José María Verde y Carlos Tabia.

Eran los 70. El plantel fue diezmado con asesinatos, desapariciones y exilios. La carrera que entregamos con alumnado incluido a la Universidad de Mar del Plata fue desactivada.  El sueño de Don Félix al que habíamos adherido, la convicción de que el periodismo –la comunicación- debe ser una carrera universitaria fueron destruidos en Mar del Plata por la misma maquinaria que asesinó a Roberto Sanmartino y desapareció a Enrique Pecoraro. 

En la esquina de Helmer Uranga y Félix de Ayesa está hoy la barra de Juan Carlos Morales, otra vez los amantes del deporte tomando lo mejor de los empíricos para transferir lo aprendido a nuevas generaciones, supliendo a un Estado ausente por aquí en la búsqueda de la excelencia periodística. El mismo esfuerzo de hace medio siglo.

(Publicado en EL ATLANTICO de Mar del Plata, marzo 2011)

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1979 - Semanario: los parientes tenían razón.

26.10.2012 17:22
  Publicado en el libro 25° ANIVERSARIO de EDITORIAL PERFIL / Noviembre 2001 El número cero de SEMANARIO (julio del 79) fue un fracaso entre los periodista sy un éxito entre los parientes. Por suerte, no les hicimos caso a los colegas y , en pocos meses, la revista había batido todos los...

1985 - La femenina más exitosa

26.10.2012 17:18
  Publicado en el libro 25° ANIVERSARIO de EDITORIAL PERFIL / Noviembre 2001 Creo que con MIA inauguramos el término “ingeniería editorial”. Nadie podrá asegurar, sin arriesgarse a que lo desmientan, que es el padre de la criatura. Quizás el mayor inspirador haya sido Axel Ganz, un...

Pepe Mujica para brasileros

25.10.2012 17:33
  Veresión en castellano de la nota publicada en la revista "Contigo", de Brasil, en agosto 2012.   José Alberto Mujica Cordano (77) es un “viejo loco”, según su propia definición. “Pasé 14 años en cana y tengo 9 balazos, una vez quise arreglar el mundo y ahora ando peleando para...

Mi pueblo resiste cualquier cascoteo

12.02.2012 16:58
  Publicado en el diario El Atlántico de Mar del Plata el 12/02/12   Se lo copié a Mario Trucco. Digo “mi pueblo” y alguien pregunta cómo se llama. Digo Mar del Plata, se sorprenden porque “es una gran ciudad” y comienzan los elogios para el lugar donde (casi) todos querrían...

Cuando el flaco Spineta cantaba en inglés en la avenida Constitución

09.02.2012 17:02
  (Publicado en El Atlántico de Mar del Plata el 9/2/12)   “La Almendra es una cosa sencilla” titulamos en 1968 el que debe ser uno de los primeros reportajes a Luis Alberto Spinetta. Cantaba en inglés. Lo escuchamos por primera vez desde la trastienda de Matokos, en la avenida...

Uranga y Ayesa, la esquina de lo empírico y lo académico

13.03.2011 01:01
Sospecho que todavía no sabíamos qué quería decir empírico en tiempos que empezamos a aprender de Helmer Uranga y otros Grandes de cuando éramos chicos, como Raúl Ramírez, Sportman (Horacio Gaudini) o Pivot (Letfala Abraham). Con afecto y agradecimiento, quiero adherirme al homenaje de José Luis...
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